Durante los últimos 50 años la tierra ha sufrido los cambios
más radicales y notables que se han dado en todas las generaciones existentes
de seres humanos: la población se ha
triplicado, ejemplos como Shanghái, China, donde apenas 40 años atrás existía
una simple aldea pesquera, hoy día es una metrópolis de más de 19 millones de
habitantes. Lo cual nos lleva a
preguntarnos ¿hemos progresado o simplemente evolucionamos?, ¿cuándo comenzó
todo esto? El primer gran cambio en
cuanto a nuestra relación con la Tierra como seres humanos se dio solamente
hace 10.000 años, con la implementación de la agricultura. El segundo, podría
ser perfectamente la llegada del petróleo, un aceite mineral que llevaba
billones de años acumulado en la tierra,
que el ser humano decidió
convertir en parte esencial de su vida, darle vital y necesaria importancia en
la sociedad. Es aquí donde el balance se pierde y la explotación masiva surge.
Crecimiento, evolución, progreso… pueden ser muchos los
adjetivos atribuidos a este “Oro negro”, lo cierto es que como consecuencia de sus propiedades ha hecho
que aceleremos desmesuradamente el desequilibrio de nuestra existencia. Las
civilizaciones cada vez son más grandes,
con mayor demanda de recursos para lo que hoy llamamos necesario. En tan solo
una hora el sol produce la suficiente energía como para abastecer la demanda
eléctrica del mundo entero por un año. Sin embargo, los recursos de que
disponemos no son interminables y están controlados por la misma naturaleza,
qué tristeza continuar buscando hacia abajo por petróleo cuando lo único que
deberíamos hacer en este caso es simplemente alzar la cabeza y mirar al cielo.
Precisa e ilustrativa
es la situación que produce la escasez de nuestro recurso más preciado e indispensable:
el agua. Un billón de personas no tiene acceso
a ella, mientras 5.000 personas
mueren al día por beberla contaminada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario